Madrid…

El pasado jueves volví de Madrid. Se trata de una ciudad hacia la cual no tengo mucha simpatía. No se si será por mi subconsciente futbolístico o simplemente porque la ciudad no es para mi.

Las ciudades tan grandes son el fenómeno del siglo XX y realmente parece que de ellas dependerá el futuro. En ellas se concentra la población y la actividad económica, pero desde luego que a mi modo de ver, no son ciudades para toda una vida, sino donde desarrollar una actividad profesional, donde exprimirse un al máximo y volver al cabo de unos años a la tierra de origen, pues no hay nada más agradable que la casa y la tierra de uno mismo.

Pero por otro lado, se echa de menos la cantidad de oferta cultural y de ocio que existe en la gran ciudad. Y es que antes de coger el tren disfrute de la visita por algunos de los sitios más interesantes de la capital. Para empezar disfrutamos de un paseo junto al Museo Reina Sofía, una obra de Nouvel a escala majestuosa, y disfrutamos de una buena comida en la parte trasera del mismo con una mejor compañía.

Para seguir haciendo  tiempo, pasamos por otro edificio impresionante de Madrid, y no podría ser sino el Caixaforum. Otra obra impresionante de Herzog y de Meuron, en la que parece fácil sustentar cualquier edificio existente, de ese modo.

Y tras sorprenderme con esa construcción aparentemente frágil en sus apoyos, que me rememoraba a los grabados de Piranesi expuestos en su planta tercera, nos fuimos a disfrutar de uno de los edificios imprescindibles de Madrid. El museo del Prado. Creo que no hay nada que decir de este edificio, el contenido habla por si mismo. Y por si fuera poco, fuimos a disfrutar de la ampliación de nuevo Príncipe de Asturias de las Artes, Rafael Moneo.

Y es que siendo un tipo de arquitectura totalmente distinta a la visitada anteriormente, no por ello le falta calidad. Al contrario, se tratan de espacios en los que se respira serenidad. Donde uno disfruta del detalle como la intervención en el claustro de los Jerónimos.  Pero desde luego que esta arquitectura no es casualidad, sino que viene de lejos.

Y es que no hay más que irse de Madrid en tren para disfrutar de una de las obras que encumbró a Moneo. Y no es otra más que la estación de Atocha, realmente es un espacio que lo atraviesa mucha gente, pero merece la pena, al atardecer, pararse un segundo y disfrutar de ese jardín botánico.  Y realmente, esta vez me fui con ganas de volver…

a+ ielizalde

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