Del fin del mundo al paraíso en una hora.

Hoy es 28 de diciembre de 2012, ha pasado una semana desde el anunciado “fin del mundo” y de nuestra entrada sobre “Las Bardenas Reales de Navarra”, aquel paisaje apocalíptico que aprovechando la profecía maya os quisimos mostrar. Hoy en cambio, he querido hablar sobre un lugar totalmente distinto al del otro día y que he podido visitar sin salir de Navarra y a tan solo hora y media de las Bardenas.

He decidido acompañar esta entrada con la canción “Paradise” de Coldplay, cuya letra espero que os inspire lo espectacular de este lugar.

La entrada de hoy es el contrapunto a la pasada, se trata de mostraros una pequeña parte de “La selva de Irati”, si la pasada semana era un terreno desértico y desolador, hoy se trata de una zona de gran vida y diversidad.

La selva de Irati, es de estos sitios que pese a lo espectacular del lugar, he podido descubrir desde mi visita hace un par de meses que muy poca gente fuera de Navarra lo conoce. Se encuentra situada en su mayor parte en el norte de Navarra, en los Valles de Aezkoa y Salazar. Es uno de los mayores bosques de haya y abeto de todo Europa, solamente superado por la famosa Selva Negra de Alemania.

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Cualquier momento del año es bueno para visitarla, pero nosotros decidimos ir en otoño y creo que durante esta estación y la primavera, “La selva de Irati” puede ser aún más espectacular. La variedad de contrastes en las tonalidades de las hojas provoca espectaculares imágenes. Como consejo, lo mejor es perderse por los diferentes senderos que rodean  el embalse de Irabia para descubrir vistas espectaculares de la selva.

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Durante muchos momentos de la ruta, tal es la altura de los árboles y su frondosidad que la luz crea espacios mágicos, si a esto le sumamos la mezcla de colores amarillos, naranjas o rojos intensos de las hojas en esta época, realmente se consiguen un lugar de gran belleza.

El entorno que rodea la Selva e Irati, permite infinitas posibilidades para visitar como el pueblo de Ochagavía, la fábrica de armas de Orbaizeta o la torre romana de Urkulu.

Para terminar, solo puedo decir que si uno después de una buena ruta de senderismo tiene la posibilidad de recuperar fuerzas junto a un fogón y con la buena compañía de amigos, lo que sucede es que las horas van cayendo, el día va pasando y cuando me he dado cuenta, de nuevo Navarra y su gente me ha vuelto a sorprender.

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