Un extranjero en Paris

Hace ya un tiempo, leí que la globalización también afecta a las ciudades, en definitiva,  a la arquitectura. Los nuevos modelos arquitectónicos internacionales contaminan lo local. Viviendas, centros comerciales, edificios corporativos y un largo etcétera, se ven perjudicados por modelos arquitectónicos desenraizados, carentes de urbanidad y desconectados de la realidad que les rodea. Todas la sufren, desde Buenos Aires a Los Ángeles o de Johannesburgo hasta Hong Kong.

París en cambio, parece diferente. Pasear por sus calles te transporta en el tiempo, te sumerge en otra realidad. La apertura de los grandes bulevares y plazas del barón Haussmann, los jardines barrocos de las Tullerias de Le Nôtre o la archi visitada torre Eiffel de finales del siglo XIX protegen al transitado rio Sena y sus elegantes puentes, testigos inquebrantables del paso de los años.

Pero París no es solo historia, París es modernidad. La que durante años fuera capital universal, ha sabido transformarse y mantener su estatus en este nuevo mundo globalizado. Pasear por el otro Paris, el Paris de los parisinos, es aun mejor que pasear entre calles repletas de turistas en busca de la ansiada instantánea que inmortalizará el momento. Una mezcla de gran ciudad y pequeño pueblo, donde la gente anda a toda velocidad pero hay espacio para todos, donde las grandes avenidas pensadas para el coche han sabido ceder terreno a la bici o donde los márgenes del rio, antes olvidados, van sabiendo recuperarse para el provecho de la ciudad.

Y aunque hablar de Paris, es hablar de arquitectura mundialmente conocida como el Louvre, el Pompidou, o Notre Dame entre otros, ¿qué me decís de la sensación de descubrir edificios? Ir paseando por esas calles sin rumbo fijo y dejarte llevar por la intuición para ir descubriendo por sorpresa los rincones de la ciudad, no tiene precio. Como acercarse a la zona de Bercy para visitar la biblioteca nacional de Perrault, y encontrar al otro lado del rio las reconocibles formas de la filmoteca de Gehry, que difícilmente la ubicarías en Paris, o encontrarte, de camino a la torre Eiffel, con el imponente edificio de hormigón de la UNESCO de Marcel Breuer, que en tantos libros de arquitectura ha sido publicado.

a+ foto paris

Esta es, una sensación bonita, que solo se descubre paseando la ciudad. Te sientes como el descubridor de algo que otros difícilmente tendrán la oportunidad de encontrar, y te dan ganas de hacer a la gente participe de tu descubrimiento. En definitiva, id a Paris, y deambulad, que la ciudad quiere ser descubierta.

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