Recordando a Miralles

A la hora de elegir grandes arquitectos españoles, la lista puede hacerse interminable, pero seguro que en todas las posibles selecciones, el nombre de Enric Miralles será uno de los que no faltará nunca. Su prematura muerte, a los 45 años, probablemente ayudó a mitificar a este arquitecto brillante, de mente privilegiada, que pese a su juventud llego a lograr una madurez en su obra inusual en arquitectos de esa edad.

Entre su obra destacan muchos edificios conocidos. Tanto en España, como en el extranjero, edificios como el mercado de Santa Caterina de Barcelona, el cementerio de Igualada, el parlamento de Escocia o la escuela de música de Hamburgo son un claro ejemplo de ello. Obras fácilmente identificables, de un estilo concreto y muy personal.

Pero llegado a este punto, me gustaría compartir con vosotros una propuesta suya que no se llegó a construir, pero que quizá está dentro de sus obras más significativas. Me refiero a la facultad de arquitectura de Venecia. Como muestra, las siguientes imágenes. En ellas se puede apreciar el proceso proyectual en las distintas propuestas que Miralles realizó en la ciudad de los canales.

a+propuesta 1

Situado en una antigua fábrica abandonada dentro del archipiélago de islas que forman Venecia, Miralles se proponía mantener la fachada de la fábrica, a modo de envolvente, conteniendo en ella los diferentes cuerpos, como si fueran piedras naturales abrazando un espacio público abierto. La propuesta, aparentemente caprichosa, estaba sustentada en  un programa muy estudiado basado en las circulaciones.

Pero esta primera propuesta, no era sino, la base para evolucionar. En las sucesivas propuestas la plaza central cambió de orientación buscando una relación más directa con los talleres situados al otro lado del canal y la fachada más representativa busco la orientación hacia el canal principal, el contacto con el mar.

a+propuesta 2

Aun así, enfermo ya, dio otra vuelta al proyecto, derivando a un proyecto más formalista, buscando continuidad entre bloques y manipulando la antigua fachada, en el lado opuesto, para convertirla en la referencia del proyecto al convertirse en una distinguida máscara veneciana.

a+propuesta 3.1

En mi opinión, tal vez, esta última propuesta no es la más atractiva, y quien sabe, si su temprana muerte nos impidió ver una futura evolución de ella e incluso haberla podido disfrutar una vez construida. Pero mas allá de estas consideraciones, no deja de ser interesante poder repasar el proceso creativo de un genio de este nivel.

Un extranjero en Paris

Hace ya un tiempo, leí que la globalización también afecta a las ciudades, en definitiva,  a la arquitectura. Los nuevos modelos arquitectónicos internacionales contaminan lo local. Viviendas, centros comerciales, edificios corporativos y un largo etcétera, se ven perjudicados por modelos arquitectónicos desenraizados, carentes de urbanidad y desconectados de la realidad que les rodea. Todas la sufren, desde Buenos Aires a Los Ángeles o de Johannesburgo hasta Hong Kong.

París en cambio, parece diferente. Pasear por sus calles te transporta en el tiempo, te sumerge en otra realidad. La apertura de los grandes bulevares y plazas del barón Haussmann, los jardines barrocos de las Tullerias de Le Nôtre o la archi visitada torre Eiffel de finales del siglo XIX protegen al transitado rio Sena y sus elegantes puentes, testigos inquebrantables del paso de los años.

Pero París no es solo historia, París es modernidad. La que durante años fuera capital universal, ha sabido transformarse y mantener su estatus en este nuevo mundo globalizado. Pasear por el otro Paris, el Paris de los parisinos, es aun mejor que pasear entre calles repletas de turistas en busca de la ansiada instantánea que inmortalizará el momento. Una mezcla de gran ciudad y pequeño pueblo, donde la gente anda a toda velocidad pero hay espacio para todos, donde las grandes avenidas pensadas para el coche han sabido ceder terreno a la bici o donde los márgenes del rio, antes olvidados, van sabiendo recuperarse para el provecho de la ciudad.

Y aunque hablar de Paris, es hablar de arquitectura mundialmente conocida como el Louvre, el Pompidou, o Notre Dame entre otros, ¿qué me decís de la sensación de descubrir edificios? Ir paseando por esas calles sin rumbo fijo y dejarte llevar por la intuición para ir descubriendo por sorpresa los rincones de la ciudad, no tiene precio. Como acercarse a la zona de Bercy para visitar la biblioteca nacional de Perrault, y encontrar al otro lado del rio las reconocibles formas de la filmoteca de Gehry, que difícilmente la ubicarías en Paris, o encontrarte, de camino a la torre Eiffel, con el imponente edificio de hormigón de la UNESCO de Marcel Breuer, que en tantos libros de arquitectura ha sido publicado.

a+ foto paris

Esta es, una sensación bonita, que solo se descubre paseando la ciudad. Te sientes como el descubridor de algo que otros difícilmente tendrán la oportunidad de encontrar, y te dan ganas de hacer a la gente participe de tu descubrimiento. En definitiva, id a Paris, y deambulad, que la ciudad quiere ser descubierta.