Un lugar al sol

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Hace ya unos años leí un libro, un buen libro en el que se apuntaban ciertas similitudes y diferencias acerca de cómo

construir cuando se dispone de mucho sol o cuando no se puede siquiera pensar en él. Un libro en el que se incidía en la necesidad de tener muy en cuenta la sombra, sombra que en ocasiones puede dar cobijo, o como la simple sombra arrojada por un árbol en verano genera más arquitectura que el mejor edificio moderno.

Desconozco que hice con aquel libro, probablemente se quedó en la estantería de algún compañero. Quizá prestado o sencillamente extraviado en alguna mudanza. ¿Quién sabe? Es lo que suele suceder con los libros. Pero hoy me he acordado de aquel libro, que en cierto modo no acabé de entender. Hoy tras casi mes y medio desde la última vez que viera el sol en España, por fin ha salido tres horas en el norte de Europa. Tres horas que me han hecho volver a recordar el porqué de aquel texto.

Es increíble ver como unos simple rayos cambian por completo una ciudad. Con la ya señalada añoranza por ver el sol, uno se explica los grandes ventanales y la falta de persianas con las que se construye. Uno entiende porque desean tener enormes terrazas y balcones de más de dos metros de vuelo. Y uno entiende como cuando hay sol salen a la calle como locos, para tumbarse en el suelo como si jamás lo hubieran visto. Y en cierto modo es comprensible esa actitud. Es comprensible porque para ellos es como un tesoro, pese a ser algo tan simple

Sin embargo jamás he oído a nadie hablar acerca de la sombra en estos lugares. Sobre cómo puede afectar en la iluminación de una estancia, o en como la sombra arrojada puede restar luminosidad a una habitación. Sol y sombra. Ambas, juntas y separadas son tan importantes para la construcción como pueden serlo los materiales o las estructuras. En estos tiempos que corren donde la creatividad es necesaria para poder superar miles de escollos y donde se prima la eficiencia energética en las nuevas construcciones. ¿Qué mejor que tener en cuenta el sol y la sombra? Proyectar con los dos y nunca obviarlas, saber que con esas dos pequeñas opciones se pueden crear grandes cosas.

A ver si hay suerte y mañana el día nos regala unas pocas horas de sol. Yo mientras tanto seguiré pensando dónde puede estar «Un lugar a la sombra»

Miedo a lo desconocido

Encendidos comentarios en redes sociales, artículos subidos de tonos en revistas especializadas y en prensa nacional… Parece que la nueva Ley de Servicios Profesionales va a traer multitud de noticias, pero sobre todo polémica, mucha polémica.

No seré yo quien defienda a capa y espada a los ingenieros y a sus nuevas competencias adquiridas. Diariamente desde mi puesto de trabajo en Alemania asisto a la intromisión de la Ingeniería en la Arquitectura, compañeros de trabajo que jamás han visto, estudiado o ni siquiera pensado como se comporta un sencillo muro de carga. Me preocupa mucho ver como los arquitectos en este país, llamado el motor de la vieja Europa, se limitan a diseñar sin tener idea, o escasos conocimientos de estructuras, construcción, instalaciones. Diariamente me veo envuelto  en discusiones que a mí entender son superficiales y que se escapan de la verdadera esencia de proyectar para construir. Se ha convertido pues aquí la profesión en una mera carrera artística.El verdadero problema no es que los ingenieros recojan toda la parte técnica de la arquitectura. El problema es que al final en los proyectos se producen numerosos fallos de diseño y concepto debido a la poca relación y conexión entre todas las partes del proyecto. En un país en el que el que dirige el diseño del proyecto es el promotor y el arquitecto apenas interviene, el resultado no es otro que una mera construcción destinada a buscar una imagen.

Ahora bien, y retomando la nueva Ley de Servicios Profesionales, esta reforma no hace sino poner de manifiesto algo que muchos no quieren ver. La profesión como se conocía hasta ahora ha cambiado, ha cambiado y jamás volverá a ser como antes.  Las antiguas generaciones se encontraban muy cómodas desde su posición y ahora se ven amenazados.  Deberíamos tender hacia unos profesionales multidisciplinares, la arquitectura se queda escasa, moda, cine, literatura, ilustración, publicación, investigación….Las posibilidades son infinitas, y debemos abrirnos y buscar otras alternativas.

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Pero seamos realistas, lo que realmente preocupa es el deterioro de la formación del arquitecto. No el que los ingenieros adquieran nuevas competencias. No  obstante es muy diferente lo que se le permite a uno hacer, y lo que uno realmente sepa hacer. Si alguien ha estado seis años estudiando como proyectar viviendas, es de suponer sabrán hacerlo mejor que otras carreras que apenas inciden en ello. Eso no debería preocuparnos, lo que me me preocupa es que se siga viendo la arquitectura como algo estático. Para bien o para mal la profesión HA CAMBIADO. Podemos seguir quejándonos y lamentándonos, pero algo está claro, es tiempo de cambiar, es tiempo de adaptarse, es tiempo de valerse por uno mismo, es tiempo de vivir el presente y disfrutar del camino. El futuro… ya veremos que sucede con el futuro.