¡Agua! ¿Hasta cuándo?

Mañana dan lluvia. ¡Maldita sea! Con lo bien que me sientan los días de sol. Daniel acaba de poner la lavadora, no me ha dicho nada, así que supongo que estaría llena. ¿Cuántas coladas pone a la semana? Ni idea. Por lo menos tres, quizá más- Escucho desde mi habitación hervir el agua en la cocina. Ya  no son horas de cocinar, son casi las doce de la noche. Estoy  sediento. Menos mal que siempre tengo una botella de agua junto a la cama. Por fin en la oficina nos han comprado agua embotellada sin gas. ¿De verdad la necesitamos? O con el agua del grifo sería suficiente.

No hace más de un mes escuché en la radio, la cantidad de agua que gastamos diariamente cada persona en España. Y como un grupo de personas, se habían propuesto poner en práctica gastar únicamente 50 litros diarios por persona. ¡50! Parece una barbaridad, pero en realidad se nos van volando como si de nada se tratara, Sé que el tema está muy tratado, que debemos racionalizar el agua, que debemos ahorrar, que debemos cerrar el grifo mientras nos lavamos los dientes, que llenemos la lavadora, que nos demos ducha no baños…Ese tipo de cosas es de sobra conocidas por todos, quizá no las ponemos en práctica  pero… ¿Y en la arquitectura?

La semana pasada mientras estaba en una visita de obra, me paré a mirar la cantidad de agua que se usa en la construcción, y es que aunque la construcción de este edificio se la denominaría “construcción en seco” también requería el uso del agua. Y me pregunté, ¿realmente una obra totalmente construida con elementos prefabricados gasta menos agua? ¿Cuánta cantidad de agua se necesita en la fabricación de dichos elementos?

Mierda, he pisado un charco. ¿Por qué hay tanto agua en medio del aparcamiento? Espero sea cosa de la lluvia, sino menudo derroche…

Volviendo a la construcción, no tengo la solución. Ni siquiera tengo una respuesta, ni sé muy bien cómo enfocar el tema en términos de sostenibilidad. Sólo sé que es un tema que deberíamos plantearnos. Sólo sé que hay que hacer algo al respecto y que no podemos darnos la vuelta y mirar a otro lado.

Me resulta curioso pensar que mi abuela, cuando vivía, ahorraba agua sin saber siquiera sobre sostenibilidad, sin haber escuchado jamás esa palabra. Pero ella sabía que para lavar los platos, no hace falta tener el grifo abierto. Simplemente con rellenar un barreño y después aclarar ya se ha ahorrado agua. Ahorraba porque valoraba el agua, porque sabía de su importancia.

Quizá cambiar los métodos de construcción nos queda lejos. Empecemos entonces desde cerca, seamos conscientes del agua que hay ahora, y del agua que necesitaremos más adelante. Empecemos en nuestras casas, y ¿quién sabe? Quizá mañana alguno de nosotros pueda conseguir ahorrar agua a la hora de edificar.

¡Vaya ya ha empezado a llover! ¿No era mañana por la mañana? Bienvenida sea la lluvia, incluso en las húmedas tierras del norte de Europa.

Por curiosidad o inquietud: http://50litrosdeaguadiarios.wordpress.com/propuestasdeaccion/

a+ pmcampos

«Herramientas de la naturaleza»

Vuelvo a introducir un texto del ya citado libro Cradle to cradle. Desde luego es otra reflexión en la linea de la del cerezo, pero en este caso mirandonos al ombligo y dejando una sensación de impotencia. Unas ideas muy atractivas pero complejas, así que esperemos que seamos capaces de superar esa complejidad y nuestro modelo productivo alcance esos conceptos.

Incluso en nuestros días, la mayoría de las aproximaciones medioambientales más innovadoras siguen estando basadas en la idea de que los seres humanos somos inevitablemente destructivos con la naturaleza, y que, por tanto, debemos ser controlados y contenidos. Hasta la misma idea del “capital natural” trata la naturaleza como una herramienta que puede ser utilizada para nuestro beneficio. Esta forma de ver las cosas puede haber sido válida hace doscientos años, cuando nuestra especie comenzaba a desarrollar sus sistemas industriales, pero está pidiendo a gritos una revisión. En caso contrario, estaremos limitados a esforzarnos por reducir la destrucción del mundo natural mientras sostenemos, por unos cuantos cientos de años más, el sistema actual de producción industrial y de consumo. Con la aplicación del ingenio humano y de los avances tecnológicos, incluso deberíamos ser capaces de crear sistemas de sustento para nuestra especie más allá de ese plazo, después de que el mundo natural haya decaído mucho. Pero, ¿cuán excitante es la sostenibilidad? Si un hombre se refiriera a su relación con su mujer como “sostenible”, se podría sentir lástima por ambos.

Los sistemas naturales toman de su entorno, pero también devuelven algo. El cerezo deja caer sus pétalos y sus hojas mientras recicla el agua y produce oxígeno; la comunidad de hormigas redistribuye los nutrientes del suelo. Podemos seguir su ejemplo para construir un compromiso más excitante con respecto a la naturaleza: seamos socios. Podemos construir fábricas cuyos productos y desechos alimenten al ecosistema con materiales biodegradables, y mantener en circulación materiales técnicos en lugar de tirarlos, quemarlos o enterrarlos. Podemos diseñar sistemas que se autorregulen.  En lugar de utilizar la naturaleza como una mera herramienta al servicio de los objetivos de los humanos, podemos progresar hasta convertirnos en herramientas de la naturaleza que también sirvan para dichos objetivos. Podemos celebrar la fecundidad del mundo, en lugar de perpetuar una forma de pensar y e hacer que la destruye. Porque disponemos del sistema correcto –un sistema creativo, próspero, inteligente y fértil- podemos ser muchos y hacer muchas cosas y , como las hormigas, seremos efectivos.

a+ ielizalde