Emprender es una actitud

Hace menos de un mes celebré mi 27 cumpleaños, con un título de arquitecto bajo el brazo, un máster en el otro y todas las ganas de comerme el mundo. Pero no es así de sencillo, los papeles ya no tienen el valor de antes. Esta crisis “sin fondo” no nos lo ha puesto nada fácil a quienes decidimos estudiar arquitectura allá por los primeros años de los 2000. De hecho, el panorama es más bien desolador, “arquitectos por el mundo” se le puede denominar.

Se ha hablado mucho de la generación nini, de la “fuga de cerebros” y de generación perdida. Todo esto son datos objetivos que no se pueden contradecir, la economía española está en una situación muy delicada, pero estas son las circunstancias que nos rodean. Estas son las cartas con las que nos ha tocado jugar y tenemos que ser responsables de las apuestas que hagamos, pero desde luego que no podemos dejarnos llevar por el entorno, hay que asumir la responsabilidad.

En cierta ocasión leí que “si mi vida es común, es que algo estoy haciendo mal”. Personalmente creo que no me pasa y no es necesario escribir en un blog, ni hacer cosas especiales para sentir esto, sino que lo que hace una vida no común es sentir que los días son especiales. No podemos esperar a disfrutar de nuestra vida cuando los tiempos mejoren, si es que llega. Es necesario disfrutar del camino hasta que lleguen esos tiempos mejores, porque si lo hacemos disfrutando, entonces alcanzaremos esas metas y tendremos ganas de más.

Personalmente he estado estudiando para poder vivir de mi trabajo, y actualmente parece imposible que alguien me dé una oportunidad digna en este país. Podría haber hecho la maleta e irme fuera, a vivir una experiencia interesante pero he decidido darme una oportunidad a mí mismo, creer en mí. Las circunstancias no son las que desearía para alcanzar mi ilusión de vivir de la arquitectura, pero son las que me han tocado.

He decidido ser responsable y llevar a cabo mis ilusiones, me ha costado unos meses duros, en los que mantenía la esperanza de que alguien me dijese que es lo que tenía que hacer. Al final he asumido que no quería eso, sino decidir yo que es lo que iba a hacer de aquí en adelante. El reto de alcanzar una ilusión es el que nos ha hecho lograr una oportunidad. Por fin ya puedo decir que me considero emprendedor, y he dejado de ser un arquitecto en paro que hace “cosillas” para matar el tiempo.

Aunque no lo haya parecido, no ha sido nada fácil, el “coco” siempre da muchas vueltas. Por suerte, el entorno que me rodea es inmejorable. Creo que todos creen en mí, y probablemente yo fuese quien menos creyese en mí. Pero esto ya se terminó, yo confío en mí y a mi alrededor solo veo gente que me ayuda a tener los pies en la tierra, pero también me animan a tener la cabeza en las nubes. No puedo estar más agradecido por todo este apoyo.

Y es que sí, soy emprendedor, y vivo en la incertidumbre. Pero la confianza en mi capacidad y la de mi socia borra cualquier duda. Esto es el inicio de un largo y fructífero camino.

Así que a mis 27 años, os recomiendo que empecéis a vivir desde la responsabilidad. No es un consejo mío, pero a mí me ha ayudado mucho a tomar esta decisión y despertar cada día con una sonrisa a las 7:50 cuando suena el despertador.

Un extranjero en Paris

Hace ya un tiempo, leí que la globalización también afecta a las ciudades, en definitiva,  a la arquitectura. Los nuevos modelos arquitectónicos internacionales contaminan lo local. Viviendas, centros comerciales, edificios corporativos y un largo etcétera, se ven perjudicados por modelos arquitectónicos desenraizados, carentes de urbanidad y desconectados de la realidad que les rodea. Todas la sufren, desde Buenos Aires a Los Ángeles o de Johannesburgo hasta Hong Kong.

París en cambio, parece diferente. Pasear por sus calles te transporta en el tiempo, te sumerge en otra realidad. La apertura de los grandes bulevares y plazas del barón Haussmann, los jardines barrocos de las Tullerias de Le Nôtre o la archi visitada torre Eiffel de finales del siglo XIX protegen al transitado rio Sena y sus elegantes puentes, testigos inquebrantables del paso de los años.

Pero París no es solo historia, París es modernidad. La que durante años fuera capital universal, ha sabido transformarse y mantener su estatus en este nuevo mundo globalizado. Pasear por el otro Paris, el Paris de los parisinos, es aun mejor que pasear entre calles repletas de turistas en busca de la ansiada instantánea que inmortalizará el momento. Una mezcla de gran ciudad y pequeño pueblo, donde la gente anda a toda velocidad pero hay espacio para todos, donde las grandes avenidas pensadas para el coche han sabido ceder terreno a la bici o donde los márgenes del rio, antes olvidados, van sabiendo recuperarse para el provecho de la ciudad.

Y aunque hablar de Paris, es hablar de arquitectura mundialmente conocida como el Louvre, el Pompidou, o Notre Dame entre otros, ¿qué me decís de la sensación de descubrir edificios? Ir paseando por esas calles sin rumbo fijo y dejarte llevar por la intuición para ir descubriendo por sorpresa los rincones de la ciudad, no tiene precio. Como acercarse a la zona de Bercy para visitar la biblioteca nacional de Perrault, y encontrar al otro lado del rio las reconocibles formas de la filmoteca de Gehry, que difícilmente la ubicarías en Paris, o encontrarte, de camino a la torre Eiffel, con el imponente edificio de hormigón de la UNESCO de Marcel Breuer, que en tantos libros de arquitectura ha sido publicado.

a+ foto paris

Esta es, una sensación bonita, que solo se descubre paseando la ciudad. Te sientes como el descubridor de algo que otros difícilmente tendrán la oportunidad de encontrar, y te dan ganas de hacer a la gente participe de tu descubrimiento. En definitiva, id a Paris, y deambulad, que la ciudad quiere ser descubierta.