Desde la ciudad de las murallas, Lugo.

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Después de algunas entradas sobre la ilógica Ley de Servicios Profesionales, volvemos a hablar de lo que realmente nos gusta, la arquitectura. Esta semana en nuestro pequeño rincón de aplus sobre nuestros edificios preferidos, quiero hablar sobre un edificio situado en la ciudad gallega de Lugo. Así pues os dejo una canción que va muy acorde con la publicación.

La entrada de hoy trata del recién inaugurado Museo de la Historia de Lugo “MIHL”, diseñado por los arquitectos madrileños Nieto y Sobejano. El proyecto es una metáfora a las murallas y torreones que los lucenses, como un escritor, llevan en su mente allá por donde van.

Para cualquier habitante de la ciudad, la muralla es aquello que nos identifica y nos enorgullece y por lo tanto creo que la relación que los arquitectos han creado entre el nuevo museo y la muralla ha sido todo un acierto. Pero hoy no se trata de hablar del habitante más viejo de la ciudad porque no podría explicar a la vez lo que significa para un lucense su muralla y el nuevo museo.

Así pues, allá por el año 2007 cuando el estudio de arquitectura “Nieto y Sobejano” ganó el concurso describieron el nuevo museo como:

“un edificio que supondrá un paseo por un paisaje vegetal y metálico, que a su vez creará un campo lumínico cuyo resplandor parecerá emerger desde el interior de la tierra evocando imágenes de murallas y torreones”.

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Aunque intento huir de estas frases retóricas que a los arquitectos tanto nos gusta usar a la hora de explicar nuestras obras, en esta ocasión creo que resume muy bien lo que el nuevo edificio consigue crear. Se genera un nuevo espacio verde para la ciudad evocando a su pasado y olvidando la antigua industria que antes había en el lugar que hoy está el museo. Se trata de un proyecto, donde claramente la arquitectura mejora las condiciones del lugar y donde “paisaje y arquitectura” se funden creando un nuevo concepto de museo. Recordando esa historia de la ciudad, se han creado una serie de linternas en forma de cilindro que emergen del nuevo parque para dar servicio a las necesidades del museo que se encuentra bajo tierra.

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El proyecto se organiza en una única planta iluminada por los diferentes cilindros, los cuales generan dos tipos de espacios expositivos. El primer tipo, resulta del vacío creado entre los diferentes cilindros, y el segundo tipo se trata de las salas generadas dentro de los espacios cilíndricos, las cuales tienen espacios en altura de diferentes características según las necesidades que tenga el museo.

Por último, volviendo a esa retórica que intentaba evitar pero que tanto me gusta como arquitecto, os dejo una imagen de la magia que los cilindros y la luz crean en el nuevo parque todas las noches. Como buen gallego el nuevo parque se asemeja a todos esos espacios mitológicos de Galicia que espero que la música que estáis escuchando os haya conseguido transportar.

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Un extranjero en Paris

Hace ya un tiempo, leí que la globalización también afecta a las ciudades, en definitiva,  a la arquitectura. Los nuevos modelos arquitectónicos internacionales contaminan lo local. Viviendas, centros comerciales, edificios corporativos y un largo etcétera, se ven perjudicados por modelos arquitectónicos desenraizados, carentes de urbanidad y desconectados de la realidad que les rodea. Todas la sufren, desde Buenos Aires a Los Ángeles o de Johannesburgo hasta Hong Kong.

París en cambio, parece diferente. Pasear por sus calles te transporta en el tiempo, te sumerge en otra realidad. La apertura de los grandes bulevares y plazas del barón Haussmann, los jardines barrocos de las Tullerias de Le Nôtre o la archi visitada torre Eiffel de finales del siglo XIX protegen al transitado rio Sena y sus elegantes puentes, testigos inquebrantables del paso de los años.

Pero París no es solo historia, París es modernidad. La que durante años fuera capital universal, ha sabido transformarse y mantener su estatus en este nuevo mundo globalizado. Pasear por el otro Paris, el Paris de los parisinos, es aun mejor que pasear entre calles repletas de turistas en busca de la ansiada instantánea que inmortalizará el momento. Una mezcla de gran ciudad y pequeño pueblo, donde la gente anda a toda velocidad pero hay espacio para todos, donde las grandes avenidas pensadas para el coche han sabido ceder terreno a la bici o donde los márgenes del rio, antes olvidados, van sabiendo recuperarse para el provecho de la ciudad.

Y aunque hablar de Paris, es hablar de arquitectura mundialmente conocida como el Louvre, el Pompidou, o Notre Dame entre otros, ¿qué me decís de la sensación de descubrir edificios? Ir paseando por esas calles sin rumbo fijo y dejarte llevar por la intuición para ir descubriendo por sorpresa los rincones de la ciudad, no tiene precio. Como acercarse a la zona de Bercy para visitar la biblioteca nacional de Perrault, y encontrar al otro lado del rio las reconocibles formas de la filmoteca de Gehry, que difícilmente la ubicarías en Paris, o encontrarte, de camino a la torre Eiffel, con el imponente edificio de hormigón de la UNESCO de Marcel Breuer, que en tantos libros de arquitectura ha sido publicado.

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Esta es, una sensación bonita, que solo se descubre paseando la ciudad. Te sientes como el descubridor de algo que otros difícilmente tendrán la oportunidad de encontrar, y te dan ganas de hacer a la gente participe de tu descubrimiento. En definitiva, id a Paris, y deambulad, que la ciudad quiere ser descubierta.