Al final tuve que emigrar… (IV)

Era dos de enero de 2.012, y ahí estaba yo. En el punto de partida, aunque en realidad no era el mismo punto. Mi currículo estaba prácticamente por todos los rincones de las áreas de habla alemana y también tenía la experiencia de haber hecho un buen número de entrevistas en tierras suizas. Así que pensé, ¿qué puedo hacer?, ¿esperar o seguir? Y recuerdo muy bien lo que hice. Cogí mi libreta y fui apuntado uno por uno los frentes que quería atacar en ese nuevo año que comenzaba. Seguir intentándolo en Suiza, afianzar Alemania, probar suerte en Asia, mirar países como Canadá… Las posibilidades siempre son múltiples pero hay que intentarlo claro.

Así que una vez rehecho mi portafolio con los últimos concursos y proyectos de los últimos meses., volví  a enviarlos por todo el viejo continente. Y no sé si por cosas del año nuevo, o por la insistencia y tesón que le había puesto, me volvieron a llamar de Suiza, un estudio dirigido por un italiano en Basilea. Vuelta a comprar billetes, alojamiento, trenes… Y justo antes de irme recibo otro mensaje de Hamburgo, (hombre no está mal, una ciudad también interesante) Así que allí que me fui, a Suiza, con otro billete de ida y vuelta para la ciudad del norte de Alemania. Pero por ahora tenía que enfrentarme a los suizos.

Recuerdo muy bien que cuando llegué a este estudio, estaba muy tranquilo. No obstante tenía ya una base bastante larga de entrevistas, Y como siempre digo, el NO ya lo tienes por delante, todo lo que venga siempre es a mejor. (Aplicable a otros aspectos de la vida) Así que tras una larga entrevista de casi dos horas, enseñarme el estudio y presentarme a la gente. Me citan para hacer una prueba de trabajo a la mañana siguiente. ¿Eso qué significa? ¿Tengo ya el puesto? ¿Me quieren probar, o quieren me incorpore definitivamente?

Así que aparecí a la hora acordada, eras las 8 de la mañana y mi vuelo salía a las 15.00 horas del aeropuerto de Basilea. Y ahí empezó esa extraña mañana en la que no entendía a nadie lo que decían (el suizo es otra historia dentro del alemán), y en la que poco a poco volví a retomar el hábito con viejos programas que ya conocía, descubrí proyectos, observaba a la gente del estudio… Final de la mañana, te puedes incorporar cuando lo desees, en torno a un mes.

No sabía ni qué hacer, por supuesto debía mantener la compostura hasta salir de la oficina. Estreché la mano del jefe, me despedí y me fui tan tranquilo en apariencia al aeropuerto. Una vez allí un sinfín de llamadas, mensajes, internet…Por fin todo lo sembrado, daba su fruto… ¿Pero y Hamburgo? Una vez ya en Zaragoza y con la calma que otorga el tener ya un puesto laboral. Decidí que teniendo ya los billetes a esa ciudad alemana, no perdía nada. Y quién sabe, quizá hasta me gustaba.

Desde el momento que entré en aquella oficina, sabía que el ambiente era diferente. A la gente se la veía distendida, relajada, contenta. Yo tenía que trabajar ahí. Y a ello me puse, con la tranquilidad que me proporcionaba la posibilidad de Suiza, y con la experiencia de las anteriores entrevistas expuse una última vez mi portfolio. Despedida de rigor, recogida de mi equipaje y satisfacción hacia el aeropuerto de Berlín.

Una semana más tarde me contestaba, dándome las gracias e invitándome a unirme a ellos cuando estimara oportuno. Decidí Hamburgo, ¿hubiera sido mejor Suiza? Nunca lo sabré, pero ahora escribo desde mi casa en Max-Brauer Allee de la ciudad alemana. ¿Y el comienzo en una oficina nueva? Eso es otra historia.

a+ pmcampos

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